Prefería que la abandonen en algún lugar desierto antes que seguir  ahí. Por más que intentase alejarse, las amenazas y las promesas de “cambiar”, nunca cambiaban nada. Lo único que crecía era el miedo.

Bajo su cama escondía a un pequeño monstruo que hacía crecer sus esperanzas. Una parte de ella sabía que nunca le ayudaría realmente, pero la otra hacía todo lo posible para que crezca más y más cada noche. Por las noches eran los únicos momentos en los que podía darle de comer.

Y cuando esté lo suficientemente grande podría ayudarla para escapar, de él…

La sombra venía cada ciertas horas, la zarandeaba y la azotaba. Constantemente se preguntaba si se merecía aquel sufrimiento. Pero aquella noche su salvador aparecería.

Lo escuchaba acercarse, buscó debajo de la cama. Aquella era la noche.

¿Le Pediría ayuda al monstruo?