Él estaba en la puerta, mirándola, profirió infernales gritos. Aquel monstruo lo había robado y escondido bajo su cama, esperando el momento, aguardando una oportunidad como aquella.

Ella empuñó eso que tanto se esmeró en esconder. 

El cuchillo centelleó, la sangre roja salpicó por todas partes y sobre ella. 

El cuerpo caía… Manchada, marcada, nunca sería libre si al final se convirtió en un monstruo también.