Él había entrado a la habitación buscándola. No quería recurrir al monstruo, no quería ser como él, asquerosa y repugnante. Y nunca se desharía de su sombra, de su presencia. 

Ella se escondió en la cama, él trató de agarrarla. Ella fue más rápida y le amenazó con el cuchillo. Ese fue el momento en que pudo ver la libertad, la puerta abierta. 

Corrió con todas sus fuerzas, escuchó horribles gritos. No, la libertad es la que le llamaba. 

Trato de enfrentarle y en un descuido de él, este se resbaló golpeándose la cabeza.